La traducción audiovisual también implica reinterpretar las culturas
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La traducción audiovisual también implica reinterpretar las culturas
María Angélica Ramírez, traductora profesional con 33 años de experiencia en el sector, explicó que la inteligencia artificial puede ser una aliada para los traductores, siempre y cuando se utilice como una herramienta de apoyo, no como sustituto del criterio humano o la sensibilidad.
Diana Alonso
Tal vez Shrek no habría conectado de la misma manera con el público mexicano sin el trabajo de traducción y doblaje que convirtió muchos de sus diálogos en referencias cercanas para la audiencia local. Así lo planteó María Angélica Ramírez, traductora audiovisual con 33 años de experiencia, integrante de la Organización Mexicana de Traductores (OMT) y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli), durante su participación en el Segundo Foro de Traducción e Interpretación del ITESO, que en esta ocasión tuvo como tema “La traducción ante la IA: el valor insustituible del criterio humano”.
La traducción, explicó, no se limita a trasladar palabras de una lengua a otra, sino que transforma, reinterpreta y busca equivalencias entre aquello que busca comunicar el material original y las referencias que tendrán sentido para quienes lo reciben. Se trata de “adaptar los diálogos de los personajes a la forma de hablar de tu receptor”, explicó al referirse a una de las prácticas más comunes de la traducción para doblaje. “Por eso Shrek les encantó. [Está] llena de mexicanismos, de bromas, de refranes, que eran como nosotros”, dijo.
Y es precisamente ese componente creativo y cultural el que puede verse opacado por algunos de los usos que actualmente se hacen con la inteligencia artificial (IA). No porque la tecnología sea necesariamente negativa. De hecho, Ramírez reconoció que estas herramientas pueden agilizar procesos como la transcripción automática, la segmentación de subtítulos, la generación de borradores de traducción y la consulta de materiales previos sobre personajes, lugares o series.
Sin embargo, advirtió que algunas dinámicas de la industria están promoviendo la idea de que una traducción generada automáticamente requiere únicamente una revisión rápida por parte de una persona. “Sí me ayuda a mí, traductora, a agilizar partes del trabajo, pero no me va a sustituir en cuanto a mi capacidad y mi conocimiento”, afirmó.
Durante la conferencia explicó algunos de los procesos involucrados en la traducción de una serie o una película, una labor distinta al doblaje. En el caso del subtitulaje, el traductor debe revisar la transcripción de los diálogos, segmentar los textos de acuerdo con tiempos específicos, sintetizar información para ajustarse a las limitaciones de espacio y lectura, y posteriormente generar la traducción considerando aspectos como la velocidad de lectura del público y las convenciones propias del formato audiovisual. “Yo de traductora tengo que sintetizar mucho para que mi lector, que desconoce el otro idioma, pueda leer con calma, enterarse y disfrutar una imagen”, añadió.
Lo anterior contrasta con buena parte de los procesos actuales. Hoy existen sistemas capaces de reconocer voz, generar transcripciones automáticas, producir archivos de subtítulos e incluso realizar traducciones preliminares en cuestión de minutos. Algunas herramientas también pueden replicar voces y sincronizar movimientos labiales para simular que una persona habla en otro idioma.
No obstante, la especialista señaló que estas tecnologías siguen teniendo dificultades para identificar qué información es relevante, sintetizar mensajes, interpretar contextos o resolver problemas de adaptación cultural. “La coherencia de contenido siempre va a depender de la inteligencia humana”, sostuvo.
A lo largo de la actividad, compartió distintos ejemplos en los que el criterio profesional, el bagaje cultural y el conocimiento técnico resultaron fundamentales para resolver problemas que las herramientas automáticas aún no logran interpretar adecuadamente. Desde traducciones literales que modificaban por completo el sentido de una frase hasta adaptaciones para doblaje que ignoraban los movimientos de labios, los casos mostraron que trabajar con el lenguaje implica tomar decisiones que van más allá de encontrar equivalencias. “Es como trabajar con plastilina”, comparó.
Uno de los ejemplos que presentó fue una traducción automática para doblaje en la que expresiones idiomáticas, nombres propios y referencias contextuales terminaron convertidas en frases sin sentido o excesivamente literales. Para la traductora, estos errores muestran que las herramientas pueden procesar palabras, pero aún carecen de la capacidad para interpretar intenciones, tonos o referencias culturales complejas.
A pesar de sus críticas, dejó claro que no considera a la IA una enemiga de la traducción. Por el contrario, señaló que puede convertirse en una aliada cuando es utilizada por profesionales capaces de identificar sus limitaciones y aprovechar sus ventajas. “Quien la debe usar como herramienta soy yo, la traductora, y no la agencia o la empresa”, recalcó.
La conferencia formó parte del Segundo Foro de Traducción e Interpretación, organizado por la Licenciatura en Traducción e Interpretación del Departamento de Lenguas (Del) del ITESO.
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